Dicen que en los solares de mi gente, medido
estaba todo aquello que se debía hacer...
Dicen que silenciosas las mujeres han sido
de mi casa materna... Ah! bien pudiera ser...
I
VOZ
Te ataré
a los puños
como una llama,
dolor de servir
a cosas estultas
Echaré a correr
con los puños en alto
por entre las casas
de los hombres
Hemos dormido, todos,
demasiado
Dormido
a plena luz
como las estrellas
a pleno día
Dormido,
con las lámparas
a medio encender;
enfriados
en el ardimiento solar
contando el número
de nuestros cabellos,
viendo crecer
nuestras veinte uñas
¿Cuándo
los jardines del cielo
echarán raíces
en la carne de los hombres,
en la vida de los hombres,
en la casa de los hombres?
No hay que dormir,
hasta entonces.
Abiertos los párpados;
separados con los dedos
si quieren ceder,
hasta enrojecerlos
por el cansancio,
como los círculos
lunares,
cuando la tormenta
quiere desmembrar
el universo
II
CONTRAVOZ
Entierra la pluma
antes de atarte a los puños
como una llama
el dolor de servir
a cosas estultas
Por su punta,
como por los canales
que desagotan el río.
tu agua se desparrama
y muere en el llano
La palabra arrastra limos,
pule piedras,
y corta selvas imaginarias.
Piden los hombres
tu lengua,
tu cuerpo,
tu vida,
Tírate a una hoguera,
florece en la boca
de un cañón
Una punta de cielo
rozará
la futura
casa humana
Mundo de siete pozos
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Adelina Flores lee poemas de Alfonsina Storni
Adelina Flores recita un verso, sólo uno, de Alfonsina Storni: una punta de cielo rozará la casa humana
Adelina Flores duplica el cuerpo enfermo de Alfonsina
Adelina escribe: cuál es el sitio de la casa humana
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